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Vírgenes y demonios: El mundo celebra los 200 años de Charles Baudelaire

Padre de la poesía moderna y explorador de senderos que luego desembocarían en movimientos como el simbolismo y el surrealismo, el autor de “Las flores del mal” fue censurado y multado en la Francia de mediados del siglo 19 por sus ofensas contra “la moral pública y la religión”. Hoy, su bicentenario es festejado con reediciones de sus textos, novelas gráficas, obras de artes visuales y hasta un sello postal conmemorativo.

Por: Rodrigo Castillo Richards

Viernes, 9 de abril de 2021

 

 

EL CANDOR Y LA LUBRICIDAD

“Mucho me temo que no he conseguido otra cosa que extralimitarme de las fronteras normalmente asignadas a la poesía”, reflexionaba Charles Baudelaire en junio de 1859, en carta dirigida a Victor Hugo, a propósito de una nueva serie de versos que estaba iniciando en esos días. Su objetivo, en ese momento, era cantar a los misterios enloquecedores de París, a las calles lúgubres de los arrabales, a los mendigos harapientos que se le aparecían como demonios en plena vía pública, a las ancianas jorobadas que lo miraban con ojos penetrantes.

                                 

Para la sociedad francesa de mediados del siglo 19, en todo caso, el escritor hizo mucho más que “extralimitarse” en términos literarios: su libro “Las flores del mal”, publicado un par de años antes (el 26 de junio de 1857), le valió ser demandado junto a sus editores por el delito de ‘ofensas a la moral pública y a la religión’. El fiscal que presentó la acusación logró que lo condenaran a pagar una multa de 300 francos, y el tribunal también le exigió que eliminara del volumen seis poemas que resultaban particularmente escandalosos.

 

Tuvo que pasar casi un siglo para que esos textos prohibidos volvieran a circular entre los lectores, y así, en 1949, el público masivo pudo conocer, al fin, composiciones como ‘Las joyas’ (‘Les Bijoux’), donde el hablante lírico evoca la imagen de una amante que se queda acostada, mirándolo fijamente, “como un domado tigre”, ensayando sus poses y enlazando en todo momento el “candor” a “la lubricidad”. “Creía ver unidos por un nuevo dibujo / las caderas de Antíope y el busto de un imberbe, / de tal forma su talle resaltaba su pelvis, / ¡Qué soberbios afeites en su tez fiera y bruna!”.

 

 

Portada del Volumen 3 de la novela gráfica «Cahiers Baudelaire», del artista belga Yslaire.

 

El motivo del revuelo que se registró en 1857, claro, fue el hecho de que el autor parecía sentirse demasiado a gusto en compañía de prostitutas, vagabundos, ludópatas, fumadores de opio, alcohólicos, delincuentes y practicantes de costumbres sexuales alejadas de lo convencional.

Tampoco ayudaba la excesiva honestidad con que manifestaba su amor por los cementerios, los esqueletos y los cadáveres, afectos que se complementaban con su tendencia a ver a Satanás como un espíritu afín al que podía acudir en momentos de desesperación. En ‘Mujeres condenadas’ (‘Femmes Damnées’) exclama: “Oh mártires, oh vírgenes, oh demonios, oh monstruos / cuyas almas tan grandes la realidad desprecian / satiresas, devotas en busca de infinito, / ora llenas de gritos, ora llenas de llantos, / a vosotras, que mi alma persiguió en vuestro infierno, / amo, pobres hermanas, y a la par compadezco”.

 

Los criterios de la sociedad occidental han cambiado desde entonces, por supuesto, y por ello hoy, 9 de abril de 2021, el mundo conmemora el bicentenario del adelantado artista a quien se considera, con toda justicia, como indiscutido padre de la poesía moderna. Su hallazgo de la belleza que yacía en los rincones más putrefactos de la noche parisina, en efecto, significó una revolución estética e intelectual que abrió camino a corrientes como el simbolismo y el surrealismo. Sus meditaciones sobre las artes plásticas de su tiempo y sus análisis del carácter de la vida en las ciudades de la era industrial, en tanto, sentaron precedentes para el nacimiento de los estudios culturales y de la crítica de arte tal como la conocemos hoy. 

 

 

El sello postal en honor al poeta será presentado en Francia este lunes, 12 de abril

 

CLUB INTERNACIONAL

Para celebrar los 200 años del escandaloso creador se ha programado una verdadera avalancha de actividades en el ámbito editorial y en la esfera de las artes visuales. Hasta el Correo francés quiso mostrar sus respetos, y lo hizo a través de un sello postal especial, decorado con la efigie del poeta, que será oficialmente presentado este lunes, 12 de abril.

Entre los incontables festejos que se han planeado resulta especialmente llamativo el anuncio de la creación de un club internacional que reunirá a todos los amantes, entusiastas y estudiosos de la obra del hombre que en vida fue, sin dudas, el menos amado y el más maldito de los poetas malditos. Según se informó a comienzos de este mes, la denominada Sociedad Internacional de Amigos de Charles Baudelaire dará inicio a sus funciones en la presente jornada, a través de una videoconferencia, como corresponde a la situación actual del planeta.

 

Binod Khakurel, presidente del organismo, comentó hace un par de semanas, en declaraciones a la prensa, que el creador de “Las flores del mal” ofrece la paradoja de ser uno de los escritores más apreciados en todo el mundo y, al mismo tiempo, uno de los más resistidos. Khakurel hizo hincapié en el hecho de que, hasta donde ha podido averiguar, a lo largo de los últimos cien años no se ha creado en Europa un solo museo, centro cultural o espacio de investigación dedicado a la memoria del artista que hoy, en pleno siglo 21, sigue brindando material de estudio a críticos, historiadores, filósofos y estetas. Ello, sin mencionar el fanatismo que su legado y su figura despiertan entre las tribus góticas y los espíritus hipersensibles de todas las edades.

Entre los ilustres miembros de la recién creada Sociedad Internacional de Amigos se encuentra el especialista Pierre Brunel, quien estuvo a cargo de una novedosa reedición de “Las flores del mal” que forma parte de una caja –cuyo lanzamiento estaba programado para esta semana– que contiene las obras completas del escritor francés. La gracia del trabajo realizado por Brunel es que su versión del clásico poemario fue ensamblada a partir de la edición de 1868, desechando la acostumbrada edición de 1861. Según dice el experto, la versión de 1868 es la más cercana a lo que el autor deseó en vida (murió en 1867), principalmente porque en ella aparecen varios textos que para él tenían gran importancia y que aún no estaban listos cuando aparecieron las ediciones de 1857 y de 1861.

Otro homenaje significativo es la novela gráfica “Cahiers Baudelaire”, del dibujante belga Yslaire, cuyo tercer y último volumen apareció en enero de este año. Ese largo relato en viñetas aborda la tempestuosa relación que el poeta mantuvo con su amante Jeanne Duval, quien, por ser mulata, suele ser llamada “la Venus negra”. Más noticiosa, sin embargo, ha resultado la propuesta del artista italiano Dario Gambarin, quien, como buen cultor del land-art, utilizó nada menos que un tractor para plasmar un retrato de Baudelaire sobre un terreno agrícola de 27 mil metros cuadrados. La obra tiene el sugerente título “Virus du Mal”, que evidentemente alude tanto al mítico libro como a la actual emergencia sanitaria.

 

 

 

CIEN MIL FRANCOS 

Poseedor de una sólida cultura clásica, y fascinado desde su niñez por temas como la muerte, el demonio, los cementerios y los vampiros, Baudelaire creció obsesionado por el prematuro deceso de su padre, quien falleció cuando él tenía sólo seis años. Para empeorar una historia que ya era triste, su madre, quien era bastante más joven que el esposo difunto, pasó apenas un año en calidad de viuda antes de contraer segundas nupcias con un apuesto oficial, el comandante Aupick. El futuro escritor no vio esta unión con buenos ojos y, de hecho, la consideró como una tremenda infidelidad, así que la pareja no encontró mejor remedio para su rebeldía que enviarlo a estudiar a un internado en Lyon.

 

 

El autor perdió a su padre a los seis años, y ese dolor lo obsesionó por el resto de su vida.

 

La vocación literaria del adolescente Charles se definió temprano, para desesperación de su madre y padrastro, quienes esperaban que se orientara, ojalá, hacia una carrera en la diplomacia. Como la situación económica de la familia era más que acomodada, el muchacho se dio el gusto de pasar su tiempo vagando por bibliotecas y museos, gastando dinero en cantidades poco razonables y trasnochando con amigos bohemios como Nerval y Balzac. En julio de 1841, como última y desesperada medida para enderezar al muchacho, lo enviaron a viajar en barco rumbo a las islas Mauricio y Bourbon. A su regreso de esa travesía, el chico reclamó su herencia paterna y así se vio súbitamente en posesión de cien mil francos, suma nada despreciable para la época.

Envalentonado por el cuantioso capital que tenía a su disposición, el joven reanudó su vida disipada, ahora junto a camaradas como Théophile Gautier y Théodore de Banville. Alérgico a la idea del domicilio fijo, llegó a cambiarse de casa hasta tres veces en un lapso de sólo seis meses. Entre una cosa y otra intentó ser novelista, pero al poco tiempo descubrió que no tenía la fuerza y la disciplina para crear relatos con tramas coherentes y personajes creíbles. Optó entonces por componer versos y poemas en prosa, dando así rienda suelta a su incontenible subjetividad, mientras dividía el resto de sus horas entre el consumo de opio y la constante persecución de mujeres de vida fácil.

 

Cada vez más aterrados, sus aterrados padres decidieron intervenir una vez más, dejando sus finanzas bajo el control de un asesor judicial, sometiéndolo así a una humillación que al joven le pareció insoportable. Esa circunstancia coincidió con la aparición de los síntomas de una sífilis que contrajo en alguna de sus aventuras, y de la que nunca se recuperó.

 

 

CONTINUARÁ EN LA PARTE DOS

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