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Licencia para matar: César Gabler se interna en el fantástico universo de Bond, James Bond

El artista, quien tiene un vínculo familiar con la historia editorial del superagente secreto creado por Ian Fleming, interviene el MAVI con una colección de pinturas, dibujos y murales que evocan un mundo de acción, glamour, espionaje y extravagancia pop.  

Por: Francisca Barriga

Miércoles, 16 de diciembre de 2020

Fotos de la exposición: Jorge Brantmayer.

Retrato de César Gabler por: Freddy Ibarra

 

 

FRÍO E IMPLACABLE

“Esta exposición se inspira en una revista, una persona y una especialidad artística”. Con esas palabras inicia César Gabler su muestra en el Museo de Artes Visuales (MAVI), que se titula “Papel Bond” y está compuesta por más de cuarenta obras, entre pinturas, dibujos e intervenciones murales.

La revista que el autor evoca en su texto introductorio es “007 James Bond”, un cómic hecho íntegramente en Chile y que circuló (editado por Zig-Zag) en los quioscos locales a fines de los años 60, aprovechando la locura mundial desatada por los filmes en que Sean Connery interpretaba al seductor espía inglés con licencia para matar. La “persona” inspiradora del montaje, en tanto, es Germán Gabler, tío del expositor, quien fue dibujante, guionista y director de esa publicación en viñetas.

Bond, como se sabe, fue concebido por el escritor británico Ian Fleming y  entre sus principales características se encuentran su temperamento frío y audaz, que le permite ser un oficial eficiente e implacable. Hizo su debut en la novela “Casino Royale”, publicada en 1953, que luego fue seguida por otra docena de títulos, obteniendo cada vez mayor aceptación entre los lectores y generando importantes beneficios económicos para su creador. Uno de sus atributos más notables, por supuesto, es su legendaria habilidad para atraer fácilmente a las más hermosas mujeres. De esa manera, mientras el público masculino lo admira como una espectacular figura de acción, la audiencia femenina lo percibe como un apuesto galán que posee un encanto irresistible.     

 

   

Sola o acompañada, la imagen de Sean Connery aparece en varios de los cuadros de la muestra.

 

En 1968, Zig – Zag adquirió los derechos para convertir las novelas de Fleming en cómics. A esas alturas Bond ya era un mito, tras cinco películas (iniciando con “Doctor No”, en 1962, hasta llegar a “Sólo se vive dos veces”, en 1966)  que se habían convertido en auténticos blockbusters y que desataron toda una moda relacionada con la imagen fantasiosa del hombre de acción cosmopolita, glamoroso y letal. También aparecieron filmes y series televisivas que, dependiendo del caso, imitaron o derechamente parodiaron los argumentos característicos de las aventuras del agente secreto, incluyendo desde supervillanos que deseaban apoderarse del mundo hasta vehículos y armas de corte futurista, sin olvidar, claro, a las bellas y sofisticadas señoritas (algunas enemigas y otras aliadas) que inevitablemente caían en brazos del héroe.

Bajo la dirección de Germán Gabler, la revista chilena tuvo 59 números hasta que, en 1971, el sello pasó a manos del Estado, ahora con el nombre de Quimantú. Una vez que el la editorial fue rebautizada y adoptó la ideología socialista de la Unidad Popular, la figura de Bond (un oficial de inteligencia que mata gente sin remordimientos, siempre al servicio de la corona británica y el capitalismo occidental) se convirtió en un símbolo inaceptable, lo que motivó su desaparición silenciosa de los quioscos.

 

 

CAMINOS INSOSPECHADOS

César Gabler cuenta que, durante el proceso de preparación de su muestra en el MAVI, dejó que su relación tan estrecha con la revista, a través de “la persona y la especialidad artística”, lo condujera por caminos insospechados, tal como le ocurrió a su tío Germán en 1968. En el marco de esa investigación, el artista leyó las novelas de Ian Fleming y descubrió los pensamientos de Bond, quien, más allá de su  misoginia, su sibaritismo y su odio a los regímenes comunistas, tenía también sus momentos de reflexión y de autoevaluación, llegando a admitir, en algunas oportunidades, que su trabajo no era precisamente algo de lo que se pudiera enorgullecer.

 

La exposición incluye obras dedicadas a los villanos que se han enfrentado a Bond. Entre ellos destaca el enorme y carismático Jaws (en primer plano en la foto).

 

Al recorrer la muestra es posible ver composiciones en las que Sean Connery, intérprete del superespía en seis películas oficiales y en una de carácter “alternativo”, aparece retratado como esbozo y también en forma de retrato pictórico, tanto en solitario como acompañado por las heroínas de los filmes. En algunas obras, más cercanas a la propuesta habitual del artista, el actor se ve rodeado por animales antropomórficos de las tiras cómicas y por figuras humanas que parecen sacadas de la publicidad de los años 50,

Los grandes villanos de la saga literario-fílmica también son invocados por el autor, y es así como en el conjunto emerge el rostro inconfundible de Ernst Stavro Blofeld, líder de la organización Spectre y archienemigo del espía. La galería de supercriminales también incluye al inolvidable Oddjob, secuaz del megalómano Goldfinger en la película homónima del año 1964. Su rostro se exhibe en el centro de la sala, en un panel con soporte propio muy semejante a los que se usan para instalar piezas publicitarias. Este empleado asiático para todo servicio (ejercía funciones de chofer, caddy, guardaespaldas y verdugo) mataba empleando sus manos y, cuando la víctima se encontraba demasiado lejos para atacarla con sus puños, la eliminaba arrojando su infalible sombrero con ala de metal.

Para completar la familia de antagonistas coloridos, el expositor incorporó un retrato del carismático y gigantesco Jaws, quien se incorporó a la saga cinematográfica en la época en que Bond era encarnado por Roger Moore. Este matón con alma de payaso debutó con gran éxito en la cinta “La espía que me amó” (1977) y luego, debido a la popularidad que alcanzó entre los espectadores, se repitió el plato en “Moonraker” (1979). Su método favorito para exterminar agentes rivales era morderles el cuello con toda la fuerza de su dentadura de acero.

 

El público femenino percibe a 007 como un galán apuesto e irresistible.

 

 

NO ES UNA EXPOSICIÓN DE POP ART

El artista comenta que la exposición tiene elementos del pop art, pero aclara que no es propiamente una muestra de arte pop, lo cual puede resultar contradictorio, considerando que el tema central de su trabajo, en esas piezas, se relaciona directamente con un ícono cultural conocido por públicos de todas las latitudes y que ha sido ampliamente difundido a través de los medios de comunicación masiva.

“Creo que esta es una exposición que tiene elementos de pop art, pero también tiene rasgos de otros estilos. Creo que también podríamos decir que tiene elementos del arte conceptual. Para usar una categoría, podríamos definirla como una exposición… de arte contemporáneo”, reflexiona Gabler.

El autor considera que su muestra pone “un lenguaje al servicio de un concepto”, y que dentro de ese lenguaje, indudablemente, hay recursos propios del pop art, pero mezclados con procedimientos ligados a otras corrientes. Entre ellos destaca la presencia de textos, lo cuales son claves para dilucidar por completo la muestra en el MAVI, pero que en el arte pop ortodoxo simplemente no habrían tenido lugar. El material escrito aparece no sólo en las obras mismas, sino también en grandes vitrinas que contienen ejemplares de la revista de cómics “007 James Bond” y de las novelas de Ian Fleming, que entre los años 60 fueron publicadas en Chile por la misma editorial Zig-Zag.

–¿De dónde viene el nombre de la exposición “Papel Bond”?

–Es un juego de palabras. Existe el papel Bond, es una marca. La exposición trata sobre el personaje de James Bond y sobre la revista que dirigía mi tío Germán Gabler, y que era sobre el personaje James Bond. Y obviamente, como toda revista es de papel, hay un juego ahí con eso y con la idea de que “Papel Bond”, es el papel de Bond, tal como lo interpreta el actor en el cine.

–¿Cuánto tiempo invirtió en este proyecto?

–Más o menos dos años. Digo más o menos, porque ahora está el tema del covid, que fue una interrupción importante porque durante un tiempo no tuve acceso a mi taller y también porque en esos dos años preparé otra exposición que hice en Boston y que se llamó: “Boston Pops”. Era un cruce entre biografía, cultura popular e influencia norteamericana, la que además en Chile está bastante presente.

 

El inolvidable Oddjob, del filme «Goldfinger» (1964), es uno de los secuaces malvados que aparecen en el montaje.

 

 

–¿Las revistas, comics y libros que están en el inicio de la exposición son todos los numero publicados de “007 James Bond”?

–No, son una selección. Los números en total son 59 y si no me equivoco en una de las estanterías que tienen hay 21. Pero sí hay una sección de páginas originales, tanto de la revista “007” como de otra revista que se hizo posteriormente y que se llamó “Killer” y que también habla de un agente secreto, pero cuyo rostro estaba dibujado a partir de los rasgos de Charles Bronson, un actor de cine de acción que fue muy popular en los años 70. Entonces, en esta selección de revistas también hay un cambio de época, representado por el cambio en el actor que encarna al agente secreto.  

–¿Por qué decidió seguir este legado de los cómics dirigidos por su tío?

–A mí lo que me interesaba era la idea de llegar al mundo del cómic en Chile a través de una historia familiar. Mi tío tuvo un rol fundamental en esa época, sin dudas, pero al abordar la historia de los comics hechos en Chile en esos años también tengo la posibilidad de explorar la historia de la Guerra Fría. El caso de esta revista “007” es bien ilustrativo de ese periodo, tanto en su contenido como en la historia de su cierre. Es decir, es una revista que se acabó cuando Zig-Zag pasó a manos del Estado y que en el Gobierno de la UP se convirtió en Quimantú. Por lo tanto, hay varios niveles de lectura que me interesaban. No es que quiera hacer un tributo a mi tío, aunque finalmente igual lo hago y eso está en la primera sala, donde hay una sección dedicada a su obra.

–En la exposición hay una parte que dice “Rojo Bond”, donde usted se pregunta que habría pasado si Bond se hubiera “cambiado de bando”. ¿A usted le hubiera gustado esa idea para continuar el proyecto de otro modo?

–Claramente es una pregunta irónica, no me la planteo y nunca me la había planteado seriamente, porque pensar que un personaje como James Bond, escrito desde donde está escrito, se hubiese convertido en un comunista seguidor de Fidel Castro sería pura ficción, una propuesta caricaturesca. Pero una vez instalada la idea, queda ahí flotando como una posibilidad irónica quizás, y desde esa ironía es que instalo esa imagen a gran escala que está en el muro, que también fantasea de manera bien ambigua sobre esta posibilidad de un Bond Rojo. Un Bond que es rojo también en términos literales, porque aparece Connery pintado de color rojo, entonces es la literalidad de lo rojo como color y no sólo como condición política. Es una pregunta retórica- irónica.

 

César Gabler, el expositor, quiso recrear en sus obras la técnica de collage que él percibe en el estilo literario de Ian Fleming, autor de las novelas de James Bond.

 

–¿Con qué materiales están hechos los cuadros y cuál es la técnica de dibujo presente en la exposición?

–Hay varias técnicas. Técnicas mixtas: hay acrílico, óleo y lápices, desde plumones hasta lápices de colores, así como tinta aplicada con pincel. Más que hacer un esfuerzo por experimentar con distintos materiales, lo que me interesaba era trabajar los diversos registros técnicos vinculados con imaginarios distintos. Si yo abordaba una imagen, digamos, del Rococó, la técnica que yo usara para representarla debía tener alguna concordancia con ese periodo histórico.  Si hacia una pintura medio romántica, lo mismo: la técnica debía estar en concordancia con eso que yo estaba desarrollando. Me interesaba volver a la técnica del artista, del artesano que había elaborado esa imagen, más allá del resultado impreso que llega a nosotros.

–Muchos cuadros de esta muestra se superponen unos con otros. ¿Qué quiere expresar con esa disposición de las obras?

–Trabajé harto con eso. No lo había hecho anteriormente. Me interesaba en este proyecto porque las novelas de Bond yo las leí como collage. Me parece que lo que Fleming hacía en las novelas de Bond era superponer distintos géneros y distintos imaginarios. Entonces, producía novelas que no son solamente novelas de acción, de suspenso o de espionaje, porque en uno de sus relatos, por ejemplo, puedes partir leyendo una descripción propia de un libro de viajes y después pasas a un análisis político internacional y luego puedes derivar a una escena de acción y terminar en una descripción de un juego de cartas o de una experiencia gastronómica.

–¿Es casi como leer una crítica de restaurantes?

–Claro. Un plato puede aparecer descrito con todo detalle, mostrado con una parsimonia que no es propia del espionaje y sí de la crítica gastronómica. Esa mezcla de cosas que está en la novela me pareció que era viable representarla en un recurso que sí está en el arte, que es el recurso de la superposición, así que me pareció que justificaba algo con lo que yo venía trabajando: el trabajar simultáneamente dos imágenes en un plano o papel.  Al tener capas uno se queda varios minutos viendo las obras. Uno ve la primera y se detiene al saber que viene otra.

–¿La exposición es un conjunto de piezas interdependientes o cada obra podría ser vista en forma autónoma?

–La exposición que tú ves es una obra total, con distintas piezas, deben ser unas cuarenta piezas diferentes, pero me gusta leer la exposición como un todo. Más que detallar sus partes, me interesa verl la muestra como un cuerpo que comunica una idea.

–¿Siente que ha tenido un buen recibimiento esta exposición?

–Me gusta el hecho de que ha sido reposteada bastante. Mucha gente que ha ido a verla ha subido videos, fotografías, me mandan comentarios, y en muchos casos se trata de artistas que no conozco y que tienen comentarios muy agradables hacia la muestra, con mucha buena onda en general. En ese sentido creo que ha sido bien acogida, así que hasta el momento me siento contento.  

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