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La boca de la avaricia: Recordando a John T. North, el «Rey del salitre»

A propósito de la aparición de un nuevo libro sobre el mecánico inglés que hizo fortuna en Chile en la década 1870, revisamos obras de autores que han estudiado la figura de este controvertido capitalista.

John Thomas North, "de mecánico a millonario".

29 Abril 2020

Por: Rodrigo Castillo Richards

La reciente aparición en Chile del libro “El rey del salitre que derrotó a Balmaceda”, del investigador y periodista Guillermo Parvex, publicado por Ediciones B, ha devuelto notoriedad pública a este empresario inglés que en poco más de veinte años pasó, según sus propias palabras, “de mecánico a millonario”.

Aprovechando esta oportunidad, revisaremos aquí algunos textos que, a lo largo de último siglo, han abordado la figura de este magnate cuya fortuna se construyó, según la opinión mayoritaria de historiadores y analistas, a partir de un infalible ojo para los negocios mezclado con una casi absoluta falta de escrúpulos.

“La boca de la avaricia no se duerme jamás. North era devorado por esta obsesión. Monopolizar para sí el salitre de Tarapacá”, dice el poeta e investigador antofagastino Andrés Sabella, en su libro “Semblanza del norte chileno” (1955), entrañable ensayo sobre la idiosincrasia de esa región desértica.

Sabella dedica un buen capítulo de su obra a describir las aventuras del emprendedor sujeto nacido en 1842, “en una aldehuela próxima a Leeds, en Inglaterra”. En unas pocas páginas, el autor deja constancia de que las primeras ocupaciones del personaje “fueron modestas”. Cuando tenía 22 años, la firma a la que prestaba servicios lo envió a Perú para vigilar la armadura de sus máquinas, y fue en ese viaje donde el ambicioso joven detectó el aroma de riquezas ocultas, listas para ser cosechadas sin demasiado esfuerzo de su parte.

Tras llegar a Valparaíso a bordo del vapor Panamá, en marzo de 1869, el mecánico trabajó en Caldera como maquinista y fogonero. En 1871 se trasladó a la oficina Santa Rita, del cantón de Iquique, donde se asoció con un colega y coterráneo, Robert Harvey. Juntos, empezaron a hacer planes para un futuro dorado.

“El gobierno peruano le autorizó para la provisión de agua potable en Iquique y la Pampa; centavo a centavo de su labor eufonizaron su nombre. Con las primeras ganancias fulguraron las otras”, relata Sabella, quien luego entrega la clave de la ascensión financiera del británico: la adquisición, a bajísimo precio, de certificados salitreros emitidos por el gobierno peruano tras la derrota de su país en las batallas de Chorrillos y Miraflores. Gracias a que disponía de “información privilegiada”, supo que el gobierno de Chile iba a recibir esos mismos certificados por su valor nominal. Con esa astuta maniobra obtuvo una ganancia de más del mil por ciento.

“Colgadas las ropas de la pobreza, North blasonó su historia con el oro de los magnates”, continúa el escritor antofagastino. “Fletó barcos, fundó el Banco de Tarapacá y Londres. El agua, la luz y el movimiento de los tarapaqueños, dependieron de su diestra. Reyes y príncipes europeos rutilaron a su alrededor. Si la sangre de aquellos era azul, la del Rey del Salitre zigzagueaba en áureos guiños deslumbrantes. Le bastaron 24 años –murió en Londres el 8 de mayo de 1896 –para la ‘northización’ de Tarapacá”.

(Continúa en la Parte 2)

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