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Cautiverio feliz: Novela gráfica recrea la aventura del conquistador español que se enamoró de la cultura mapuche

El escritor Ignacio Tirapegui y el dibujante Ismael Hernández llevan a viñetas la crónica histórica donde Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán contó sus experiencias del año 1629. La obra será presentada oficialmente mañana martes, en la jornada inaugural de la Feria del Libro de Ñuñoa.

Por: Rodrigo Castillo Richards

Lunes, 7 de diciembre de 2020

 

 

EMPATÍA Y VERGÜENZA

Varias docenas de cadáveres yacen diseminados en un barrial: son las víctimas de la sangrienta batalla de Las Cangrejeras. El año es 1629.

 

Entre los cuerpos inertes se encuentra el de un joven soldado español que, para sorpresa de los victoriosos guerreros mapuche, no está muerto, sino sólo inconsciente. El muchacho, que al parecer no ha sufrido daños físicos importantes, empieza a volver en sí, abre los ojos y se encuentra rodeado por un grupo de nativos armados y furiosos. No tiene motivos para creer que ellos vayan a perdonarle la vida, pero menos razones aun podría tener para imaginar las experiencias que vivirá a lo largo de los próximos siete meses.

 

Publicada por primera vez en 1673, la extensa crónica autobiográfica titulada «Cautiverio feliz y razón individual de las guerras dilatadas del Reino de Chile», redactada por Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, cuenta el periodo que el autor pasó en manos de los enemigos del rey. Su testimonio, como bien se sabe (y como se deduce del título de la obra), no tiene que ver con torturas y padecimientos, sino con una instancia de mutua comprensión, de entendimiento, integración y empatía. Al finalizar su “cautiverio”, el hombre ya habrá apreciado toda la riqueza de la cultura mapuche, y también habrá tenido oportunidad de avergonzarse por las atrocidades cometidas por los conquistadores.

 

La imagen del joven soldado tendido de espaldas en el barrial aparece, ahora, dibujada a todo color (pintada con acuarela) en la primera página de “Cautiverio feliz”, novela gráfica en la que el guionista Ignacio Tirapegui une fuerzas con el ilustrador Ismael Hernández para traducir en viñetas las mil y un peripecias que conformaban la historia original. Un trabajo endemoniado, que les planteó a ambos el desafío de comprimir las cerca de quinientas páginas de la crónica del siglo diecisiete en poco más de cien páginas de cómic moderno.

 

 

“Esta es la primera vez que hago un cómic, y la verdad es que estoy muy emocionado con él. Las historietas me atraparon desde que era pequeño, en particular Asterix y Obelix, y desde entonces siempre soñé con escribir un cómic”, dice Tirapegui, quien este martes 8 de diciembre, a las 19 horas, se dará el gusto de presentar la obra (publicada por Ediciones Liberalia) en la jornada inaugural de la Feria del Libro de Ñuñoa, encuentro que este año, ya en su vigesimosegunda edición, se desarrollará en modalidad pandemia, es decir, combinando actividades presenciales y virtuales. Quienes deseen más información sobre el particular pueden dirigirse al sitio web de la Municipalidad de Ñuñoa o hacer click en la dirección: http://ccn.cl/category/actividades/feria-del-libro/

“Como autor y como ñoño amante del noveno arte, comprendo que en las viñetas, mientras menos texto haya, más dinámico se torna el relato. El cómic, como expresión artística, se basa en la idea de que una imagen vale por mil palabras y en ese sentido, creo que el dibujo debe ser el protagonista. Por eso mismo, diría que la principal dificultad, al crear el guion, fue transformar una obra tan extensa a un formato que se caracteriza por su brevedad”, cuenta el escritor.

 

“El libro original es largo, está lleno de acción, tiene muchos detalles y está narrado con un lenguaje anticuado. Afortunadamente, yo tengo una extensa relación con la crónica de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, lo que me facilitó la tarea de encontrar las tuercas que debía apretar para construir esta obra”, añade guionista, aludiendo al hecho de que anteriormente ya había realizado un experimento similar con su libro “Al sur del Biobío” (Editorial SM), donde ofreció una versión del “Cautiverio feliz” adaptada para escolares y condimentada con elementos de ficción.

 

 

 

LA SOLUCIÓN ES INVESTIGAR

En cuanto a la labor específica de dibujar las escenas descritas en el guion, Tirapegui explica que Ismael Hernández no tuvo mayores problemas debido a que es “un narrador visual nato”. El ilustrador, en tanto, ofrece su propio recuento del proceso creativo en las notas incluidas hacia el final del volumen publicado por Liberalia Ediciones. Ahí comenta que el proyecto le planteó varias exigencias, entre las que se encontraban el diseño de personajes y de vestuario. Además de eso estaba la tarea de emplear sus pinceles para retratar la cultura mapuche y los paisajes del sur de Chile tal como eran en tiempos de la conquista española, y en ese sentido, dice, no quería “simplemente hacer la fotocopia del fondo de alguna película”.

 

“La solución fue investigar. Revisar libros, fotografías y leer, leer mucho, porque las imágenes que uno encuentra pueden llevar a imprecisiones históricas graves si no se comprende lo que hay detrás”, cuenta Hernández. “Investigando me di cuenta de que la joyería de plata, por ejemplo, no es originalmente mapuche, sino una herencia de los jesuitas durante el siglo dieciocho y que, por la fecha en que se desarrolla ‘Cautiverio feliz’, no existía todavía. Esos son algunos de los muchos detalles en los que hubo que detenerse a investigar”, relata el dibujante.

 

 

El guionista, en tanto, informa que la idea de adaptar la crónica del prisionero español a formato cómic surgió de Liberalia Ediciones: “Ellos crearon una línea de publicaciones, donde adaptaron varias historias reales chilenas y las transformaron en novelas gráficas. Dentro de esta línea, el ‘Cautiverio feliz’ fue seleccionado tanto por su valor histórico como por su valor político, vigente hasta al día de hoy”, afirma.

 

–Este relato habla de una instancia de entendimiento y cooperación entre un español y los habitantes originales del territorio que llegaría a ser Chile. ¿Qué importancia tiene, para ustedes, el hecho de que esta obra se publique justo en momentos de gran tensión en las relaciones entre chilenos y mapuche?

 

–Pienso que esta novela gráfica se hubiera creado con o sin conflicto mapuche de por medio, ya que el valor histórico del libro lo justifica. Pero al ser este un tema que tiene particular vigencia hoy, creo que los argumentos desplegados por Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, para explicar la guerra, son tan válidos hoy como lo fueron hace más de tres siglos. Aunque su crónica no siga una estructura narrativa clara, el autor sí perseguía un fin evidente: establecer que los mapuche son pacíficos y admiradores de la cultura española. Y que la guerra es consecuencia de los abusos de estos últimos.

 

–¿Esperas que esta novela gráfica incentive a los lectores a buscar la obra original de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán?

 

–La verdad, esperaría lo contrario. En general, quienes leen cómic se alejan de los textos largos. Por eso creo que los lectores buscarán en esta novela gráfica, evadir la lectura del libro en prosa. Sin embargo, adivino que habrá un grupo de personas que encontrarán en este relato la motivación que los llevará a recorrer la obra completa de Núñez de Pineda. En este sentido, creo que esta obra, sumada a mi novela “Al sur del Biobío”, serán de gran interés para quienes deseen analizar la evolución en la forma de narrar historias. Por ejemplo, en la obra original, vemos un autor interesado en mostrar al rey los servicios prestados, y que aún puede ser útil a al corona. Por eso, al cronista no le interesa la velocidad en la narración, o que la tensión aumente, que el lector se emocione o que la estructura del relato invite a continuar leyendo. Estas son aprensiones de los autores modernos.

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