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Antonio Becerro comparte su visceral celebración de Semana Santa

Siempre controvertido, el histórico director del Centro Experimental Perrera Arte ofrece aquí un adelanto de la instalación escultórica en que ofrecerá sus particulares representaciones de personajes bíblicos como Judas, Barrabás, María Magdalena, san Juan Bautista y el mismísimo Jesús.

 

Por: Rodrigo Castillo Richards

Domingo, 4 de abril de 2021

 

OJOS INCANDESCENTES

 

Cada chileno vive la Semana Santa a su manera: están quienes la ignoran, simplemente porque no son católicos, y también están aquellos que ven esta fecha como una buena excusa para arrancarse a comer pescado en la costa, aunque para ello tengan que tomar el auto y salir de Santiago en pleno rebrote de la pandemia.

                             

Antonio Becerro, artista visual, taxidermista e histórico director del Centro Experimental Perrera Arte, ya encontró una forma productiva de pasar este primer fin de semana de abril. El hombre, que desde 1995 viene agitando la escena local con propuestas controvertidas que en algunos casos han incluido el uso de cadáveres caninos reales, decidió emprender en estos días un trabajo plástico que, sin dejar de ser crudo y visceral, tiene al mismo tiempo un vínculo profundo con el ambiente reflexivo que los creyentes tratan de promover en esta época del año.

 

Pese a que no es un sujeto religioso, porque prefiere creer en la fuerza de la autogestión antes que en cualquier poder sobrenatural, el autor sí siente un gran interés por la Biblia y sus protagonistas. Es por eso que durante los últimos días ha estado ensamblando una serie de esculturas, hechas a partir de maniquíes muy antiguos, en las que refleja su particular visión de individuos tan complejos como Judas, Barrabás, María Magdalena, san Juan Bautista y el mismísimo Jesús.

 

                                                  

Judas es uno de los personajes que Becerro confeccionó para su especial de Semana Santa.

 

Entre las figuras que el artista ha realizado hasta ahora se encuentran sus versiones de personajes como Lázaro, Eva, el Espíritu Santo, Noé, san Sebastián, y la virgen María. No se trata de representaciones literales, por supuesto, sino de interpretaciones más bien alegóricas que sólo adquieren su apariencia definitiva cuando Becerro las fotografía y graba en video. Gracias a todos esos procedimientos, y con la ayuda de una ligera post-producción digital, el creador logra que sus monigotes se vean como entidades sobrehumanas que tienen ojos incandescentes, cráneos explosivos y bocas llenas de lava.

 

“Para hacer estas esculturas reciclé un montón de maniquíes que conseguí a través de un canje que hice con la firma Ortega, autoridad en maniquíes en Chile. Les ofrecí a ellos una obra mía y a cambio pude quedarme con un montón de muñecos, algunos de ellos fabricados en 1920, traídos de Francia y de Inglaterra. He estado usando estos maniquíes en mis obras más recientes, aunque para eso primero tuve que transformarlos, retocándolos, destrozándolos, cambiándoles los brazos y las cabezas, pintándolos de otros colores e incluso raspándolos”, cuenta Becerro.

 

 

Con lava en la boca: Juan Bautista en versión de Becerro.

 

“Estas figuras que estoy terminando ahora, y que en conjunto son algo así como mi Especial de Semana Santa, están intervenidas con resina plástica y fibra de vidrio. Luego las grabé en video de alta definición, para después fotografiar esas imágenes y aplicarles efectos digitales. Esta serie nació porque tengo una fijación con la Biblia. En verdad soy un gran lector de ese libro, que más allá de ser un texto cristiano es una de las grandes obras de la literatura mundial. Me interesa toda la metáfora que rodea a Jesús, así como la colección de símbolos que contiene”, agrega.

 

“En cierta forma quiero darles una nueva oportunidad a personajes como Judas y Barrabás, que siempre son vistos como el traidor y el bandido que debería haber muerto en lugar de Jesús, y mostrar que ellos, en el fondo, eran por sobre todo muy humanos, falibles, como somos todos”, reflexiona el artista y gestor cultural.

 

El recordado Negro Matapacos aparece encarnando al Hijo Pródigo.

 

 

EL HIJO PRÓDIGO

Uno de los temas recurrentes en la producción de este creador visual ha sido, desde siempre, la imagen del perro callejero, específicamente la del quiltro chileno, inteligente, aperrado y fiel, y ese elemento también forma parte de esta nueva serie. Es así como en la composición titulada “El hijo pródigo” nos encontramos con el recordado Negro Matapacos, animal que durante la década pasada llegó a ser un emblema de las movilizaciones estudiantiles y que posteriormente, tras su muerte, adquirió aun mayor relevancia al transformarse en ícono de rebeldía ciudadana en medio del estallido/despertar social de octubre de 2019.

 

El Negro Matapacos, en su versión de Semana Santa, aparece representado en una escultura decorada con un pañuelo rojo de tela, tal como la que el cuadrúpedo real llevaba en su cuello cuando acompañaba a los manifestantes. Becerro completa el retrato del can con una serie de rayos láser de color verde que sirven para crear un ambiente de agitación urbana y heroísmo. Aquí conviene recordar que el mismo cuadrúpedo fue abordado como gran protagonista en la exposición “Jaurías”, que se presentó entre octubre y noviembre de 2019 en el Centro Experimental Perrera Arte, precisamente en los días en que explotó el movimiento social en las calles de Chile. En esa oportunidad, el autor –quien acababa de volver al país tras una gira por Rumania, Francia y Dinamarca– elevó al animal a la categoría de “santo patrono” de la rebelión.

 

 

Una calavera con ojos de fuego representa a Noé.

 

“Mi idea es que todas estas esculturas formen parte de una instalación que pienso exponer en el futuro próximo, cuando sea posible hacer exposiciones en formato presencial, pero por ahora pensé que podía ser buena idea difundirlas a través de internet y redes sociales”, informa el artista, quien también incluyó, en el conjunto, la imagen de un torso humano –confeccionado en fibra de vidrio, resina plástica y pátina de metal– cuyo título es “Torso de san Daniel, profeta arrojado a los leones en el Coliseo romano”. En el pecho del infortunado personaje se ve un mensaje que parece hecho con tajos de cuchillo aplicados directamente sobre la piel. Ahí se lee: “Por mi culpa, por mi culpa. Aquí cayó Becerro”.

 

 

 

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