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Abrelatas del espíritu: Cuatro poemas de Alejandro Pardo

El escritor invitado de esta década es periodista y editor. Aquí ofrece cuatro textos en los que cubre temas tan humanos y trascendentales como la reflexión post-coito, la hostilidad que se vive en las oficinas de atención al cliente, la necesidad de gozar el ocio sin culpas y la importancia de contar con dinero en efectivo para pagar el taxi.

REDONDOS Y TERMINADOS

Criado en el Chile de los años 70 y 80, y fogueado luego en diversos medios de la prensa escrita, el santiaguino Alejandro Pardo se define como un “periodista cagatintas”. Ha trabajado en varios periódicos no digitales y también ha ejercitado sus talentos en agencias de comunicaciones. En alguna época, además, redactó importantísimos documentos para uso del Estado, y últimamente ha empezado a ampliar su actividad hacia el sector comercial y la venta de alimentos saludables.

Como buen artesano de la palabra, este autor tiene su propio panteón de referentes literarios. En ese salón de la fama destacan figuras como John Fante, Francois Villon, Cavafis, Diego Maquieira y Alice Munro. Pese a que admira a esos creadores, así como a muchos otros narradores y poetas, sus verdaderos héroes en este mundo, aclara, son Los Prisioneros. También mira con respeto a personas que no son necesariamente artistas, y que corresponden al tipo de ciudadanos que él mismo describe como “esa gente a la que le va bien en la vida en el ámbito de la plata, en lo familiar y en el asunto de saber gozar la existencia”.

Dejemos que Pardo utilice su propia voz para entregar más antecedentes: “Me gusta jugar pichangas, tomar vino, cerveza, jerez y whisky. Ahora ando semicesante. La endemoniada plata me rehúye”, confiesa mientras le echa hielo a su vaso. En cuanto a su labor poética, informa que hasta ahora no ha publicado pero que produce versos “desde hace muchos años”. Los versos que comparte ahora con Papeles Caníbales son, advierte, los primeros que considera como debidamente redondeados y terminados. Antes de eso, relata, solía garabatear poemas que eran, según dice, “cosas inconclusas hechas por desesperación”.

“Escribo echado en la cama, en el computador. Sobre mis motivos para escribir, en realidad no hay nada especial; yo debiera tener una posición para escribir, un punto de vista, pero no me da la inteligencia, eso es algo fino”, expresa con cierta melancólica brusquedad.

Datos anexos: en alguna época escuchó bastante a Joaquín Sabina, pero luego descubrió a The Strokes y su vida cambió. Últimamente, en estos días de cuarentena, ha estado revisitando con deleite los filmes del actor Edward G. Robinson.

Sus poemas, que es el tema que nos convoca ahora, se deslizan suavemente entre el erotismo con resaca, los recuerdos de u

TEXTO

POEMAS DE ALEJANDRO PARDO

Miré tus pecas estrelladas en ese pedazo de cielo que es tu espalda
también las ventanas de tus ojos vivos como brasas
y ajena a tanta radiación, tu silla
naturaleza muerta y muda exclamación de tus formas dulces
depósito de la fertilidad
y el amor que duerme como un bombero
piromaníaco en la mitad de tu pecho
que despertará un día dando un grito psíquico
en tu alma que se llenará de sonidos y árboles

……………………………..

El remoto ruido de una tarde de verano
libros echando eclipses al horizonte
una cortina roja como una bailarina
sábanas marinas revueltas básicamente
almohadas vueltas nubes
mi copa de tinto como un cine
Asperjo un perfume virgen
la habitación se vuelve un jardín
una renuncia, una aspiración
Abro la boca y me riego de vino
mi oído modula, mi olfato se crispa
mi piel se torna plástica
entonces visualizo el instante infinito
Miro la bailarina, nado en las sábanas,
veo películas en la copa de tinto
soy feliz en tan grande soledad
Subo mi volumen, me enancho
el coro de cosas curte mi nombre
estímulos, metáforas, aguafuertes
el lenguaje se aleja como un fuego artificial
Oigo los extramuros
una ambulancia demuele,
su sirena, reverso del jardín,
es la muerte que corre alegre.
Me coloco de pie, fumo
bebo calmo, anacrónico
la inutilidad me sacia
el ocio es mi labor

………………………………………………………..

Mala cara

El lienzo fruncido, sus ojos dos tortas de vacío
en servicio al cliente, me apunta con nonadas
vaya allá, llene este papel, empiluche sus datos
El estrépito de la gente la avecinda
y apuntala su sudario sin mito.
Ella es un alma en pena
el paño que bruñe el oropel.
Me pide el código del reclamo
que me dieron por teléfono
olvidé anotarlo, le digo
me ayuda de mala gana
se gira molesta buscando un papel,
ofrece a la vista su uniforme
de un azul oficinesco, una camisa blanca,
un prendedor dorado, lo corporativo
polvo de estrellas muertas
Su ética floja le enciende un aura
como de hoyo negro
no son todos iguales, me digo
tuve mala suerte esta vez
Le chamullo un conjuro, un chiste,
abrelatas del espíritu,
contra su falta de voluptuosidad,
a ver si irrumpe en su rostro la magia
pero no veo índices, solo una olla
¿Y si este tipo de trabajo, me pregunto,
es el que los malpare de 9 a 6, y es su privacidad
una artesanía de personas que a la once
comparte en familia riendo?
Señora, tense el espíritu
suponga, como todos, que tiene alma
no le puedo dar cátedra, pero supóngalo
De su alimento metafísico
comparta el bello postre
atesórese un momento, usted misma
dígase, soy de colores a ratos en el arenal
Porque hasta este momento
sepa que su sudario sin mito
me agria 30 minutos de mi tiempo
entonces, por egoísmo se lo digo,
no por salvar al mundo,
cámbieme el caracho
¡por favor!

………………..

Comercio en un taxi

La noche me jubila, vuelvo a casa
para ser el placebo de la muerte
Con la mano atrapo un cometa
de guata negra y nuca rubia
El chofer luce manos graves
por dedos escopetas
por cuerpo un amoblado
parras adornan su calva
su rostro lo escuadra un espejo
su voz retumba en lo íntimo
el caballero frisa los setenta años
Froto la erosión de la felpa del asiento
bajo la ventana y la prisa me silencia
Soy veloz viajero de esta mecánica magnética
la promesa de un motor en la oscuridad.
Muchedumbres han caído en la telaraña
ebrios en tropel
amores hechos polvo
mujeres asustadas
ensimismados niños,
ancianos con sobrevida
Comerciemos: es tarde, ¿con amigos?
Tomando vino, deambulando
Noche pobre, poca gente
¿De noche siempre?
De noche lucra, la noche jode
La radio lo acompaña
Canciones de mi juventud
Estos son los Ricos y Pobres
Con mi señora nos enamoramos así
La escuela del sentimentalismo
Miro a la virgen María,
colgajo en tránsito,
y al taxímetro, marcapasos
cifras y metafísicas unidas
jamás vencidas, alegorías, amuletos
de este bien fúnebre y asoleado
Es el comercio en su plenitud,
un fiel canje de emociones,
preconcepciones, dinero.
Al llegar me hurgo, no tengo sencillo,
no hay problema, me dice
Le tiendo un billete opulento
Me devuelve una lluvia de monedas
sobre mi mano desangelada
el fondo de un naufragio pobre.
¿Y quién sería este señor?
¿Un arcángel o un ingenio que me aceleró,
un autómata, una maquinación del petróleo
y el tiempo, un desgraciado presto a injuriar
a lo inmenso, un padre de tres estudiantes?
Por veinte minutos nos necesitamos,
como un golpe de corriente y la soledad
“Que haya comercio, pues, entre nosotros”
Yo fui su diligencia, una estría en la ciudad
Antes que el destino arrepentido,
tenaz, me regresara a mi domicilio

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