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Artistas con tijeras: Creadores chilenos de collages unen fuerzas en internet

Un centenar de autores reunieron sus trabajos en una antología que está ahora a disposición del público en la plataforma electrónica del Centro de Estudios del Collage (CECOLL).

Por: Savka Oyarzún

Sábado, 26 de diciembre, 2020

Foto principal: collages de Marianella Bascur Anselmi y Alberto Coelho Orellana

 

PUNTO DE NO RETORNO

El apacible trabajo de crear un collage a la antigua, es decir, utilizando tijeras, revistas viejas y pegamento, puede llegar a ser “interesante y peligroso”, dice la artista Constanza Sepúlveda, y eso ocurre, sobre todo, al llegar a la etapa que ella denomina “punto de no retorno”. La autora se refiere, claro, a ese temido momento en que el creador se decide por fin a utilizar un cierto recorte que tiene gran potencia visual y que, por ser único e irreemplazable, no puede malgastarse en una composición rutinaria o de escaso vuelo.

Constanza hace estas reflexiones en su calidad de integrante y cofundadora –junto a sus colegas Marco Núñez y Emilio Fuentes Traverso– del Centro de Estudios del Collage (CECOLL), entidad que investiga y difunde la práctica de esa disciplina artística en Chile. Nacida este mismo año, en plena pandemia, la agrupación ya concretó una de sus iniciativas más importantes con la publicación, hace algunos días, de una antología online que reúne los trabajos de un centenar de personas que cultivan (tanto en forma digital como análoga) la noble técnica del tijereteo, la mezcla y la recontextualización de fotos.

Obra de Claudia Pérez Oyarce

 

Sepúlveda relata que, así como CECOLL se formó en medio de la emergencia sanitaria, la idea de producir la antología (ya disponible en el sitio web https://www.cecoll.com/artistasantologia) también surgió en el transcurso de los largos meses de confinamiento.

“Todas las reuniones que sostuvimos con Marco Núñez y Emilio Fuentes fueron en formato online. Cada semana nos reuníamos para ir discutiendo y concretando ideas, planificando actividades y, por supuesto, ir conociéndonos entre nosotros. Así llegamos a un punto en que se nos hacía necesario generar algún registro de todos quienes estuvieran trabajando en el collage en Chile, y llegamos al acuerdo de que lo mejor era generar una antología de collagistas”, explica.

 

Collage de Claudia Sepúlveda

 

ACCESO DEMOCRÁTICO

“La finalidad de esta selección es lograr la visibilización de nuestros trabajos, generando una red, no sólo de difusión, sino una que pueda ayudar a vincularnos entre collagistas y con el público general”, dice Constanza Sepúlveda, quien informa que la convocatoria para participar en la muestra se lanzó a mediados de este año.

Los interesados debían enviar una reseña de sus obras, acompañada por una pequeña biografía y por cinco obras que consideraran representativas de sus temáticas más habituales. Se recibieron más de 110 postulaciones, de las cuales cerca de noventa lograron cumplir con los requisitos de registro de obra con sus motivos de creación.

“Al generar la convocatoria quisimos abrir posibilidades para todos los chilenos que emplearan la técnica del collage, sin plantear requisitos académicos ni exigirles experiencia previa. Nos interesaba democratizar el acceso a este proyecto”, dice Constanza Sepúlveda, quien adelanta que ahora, tras haber cumplido satisfactoriamente esa primera etapa de la iniciativa, ya hay planes de realizar exposiciones y de publicar, en el futuro cercano, un libro en formato físico.  

Composición de Carlos González Muñoz y Yanko Díaz Toledo

 

La cofundadora de CECOLL agrega que, dentro de las propuestas incluidas en la antología, es posible encontrar estilos muy diversos, cada uno con su propio sello y con sus particulares lenguajes técnicos. También se aprecian los contenidos emocionales propios de obras artísticas concebidas y realizadas en medio de la pandemia.

“Aquí existen  trabajos en formato análogo o digital, y con materialidades muy distintas, como fotografías autorales intervenidas, collages con bordado, fotografías biográficas, trabajos minimalistas o con sólo la utilización del color como premisa. La oferta es variada y aunque hayan algunas imágenes que se repiten en algunos casos, un collage nunca será igual a otro, eso es lo interesante”, observa la autora.

 

Collage de Emilio Fuentes Traverso 

 

QUE AFLOREN LAS EMOCIONES

Emilio Fuentes Traverso es otro creador que participó tanto en la fundación de CECOLL como en la organización de la antología. Según su opinión, el collage como técnica artística ha tenido en el último tiempo una especie de activación a nivel nacional e internacional. El también fotógrafo advierte que ese fenómeno se ha manifestado claramente a través de las redes sociales y en lugares de tránsito urbano en los que se ha desplegado un amplio espectro de trabajos visuales.

En los espacios públicos se aprecian collages cargados de mensajes políticos y demandas sociales. A nivel de galerías o museos, sin embargo, existe poca recepción o exhibición de esta disciplina”, lamenta el autor, quien para orientar a quienes se inician en la apreciación de esa técnica, añade que a la hora de evaluar un collage es importante conocer la visión, intereses y contexto de los y las artistas que utilizan ese modo de expresión.

“Creo que ante de valoraciones estéticas, que por cierto son importantes, debe primar el mensaje que se pueda extraer de la obra en cuestión y del discurso que pueda existir en torno a ella”, detalla el artista, cuya propuesta más reciente se aleja del tijereteo clásico para incursionar en el uso de fotografías arrugadas o sobreimpuestas, intervenidas manualmente para aprovechar la textura, el agrietamiento y la decoloración del papel impreso, generando nuevos significados a través de la yuxtaposición de imágenes que se relacionan en varios niveles.

 

Collage de Emilio Fuentes Traverso

 

Constanza Sepúlveda, por su parte, comenta que no existe un manual de instrucciones donde se expliciten los requerimientos básicos de este tipo de obras. Su consejo para los espectadores, en ese sentido, apunta al uso de los instintos y la libre asociación.

Hay que dejar que afloren las emociones y el pensamiento automático, tal como hace el artista cuando realiza su composición. La conceptualización no siempre está primero; muchas veces se parte desde una intuición que va ciñéndose a estructuras”, reflexiona la cofundadora de la agrupación.

“Cuando nos enfrentamos a una obra, lo primero que aconsejaría es percibirla desde el despojo, luego dirigir la mirada y capacidad analítica a los detalles que nos hacen sentido, detener la mirada para distinguir las diferentes capas y materialidades de la obra y así darle alguna interpretación personal que va a depender de nuestra propia historia. Y eso es lo generoso del collage: acepta todo”, resume la autora.

 

 

Collage de Constanza Sepúlveda

 

EN LA ERA DE LO EFÍMERO

Respecto de la eterna dicotomía entre los formatos análogo y digital, Sepúlveda considera que, más que establecer jerarquías o juicios de valor, hay que recordar que ambos medios “proponen ritualidades diferentes”, y que por eso mismo no se puede decir que uno sea mejor que el otro.

“Todo va a depender de qué es lo que te acomoda o lo que te interesa experimentar como artista. En mi percepción, lo análogo y lo digital se complementan. Si bien puedes trabajar ideas en papel, procedimiento que tiene ese emocionante punto de no retorno que mencionábamos antes, también puedes partir trabajando tu idea en digital para ir corrigiendo errores, y una vez que ya estás convencido puedes pasar al papel y ensamblar el trabajo ya con todas las dudas resueltas”, recomienda.

La artista, de hecho, considera que la llegada de las tecnologías digitales, más que traer la obsolescencia de las técnicas manuales, ha reavivado el interés de los creadores en los viejos y nobles procedimientos análogos con tijera y pegamento.

 

Collage de Constanza Sepúlveda

 

“Hoy existe una mayor valoración del contacto directo con las diferentes texturas de los materiales, los distintos soportes para la creación manual, la infinidad de tijeras de corte, bisturís, pegamentos, el encuentro con el papel o con revistas tanto nuevas como antiguas. La originalidad, lo irrepetible de encontrar imágenes que ya no se reproducen más se vuelve algo catártico. Hoy, en la era de lo efímero, la técnica análoga aún hace resistencia”, resume Sepúlveda.

Collage de Gustavo Ramírez

 

Una representante de esa fusión de técnicas pretéritas y contemporáneas es Claudia Sepúlveda (sin parentesco con Constanza), quien, por cierto, está entre las  artistas cuyas obras fueron incluidas en la antología de CECOLL. La autora comenzó hace cinco años un trabajo con imágenes ilustradas y bordadas, aplicando aguja e hilo sobre telas en las que previamente había estampado rostros de mujeres de distintas épocas y lugares.

La autora cuenta que, bajo el contexto de la pandemia, sintió la necesidad de buscar imágenes impresas en papel. “Un día junté todas las revistas que tenía en mi casa, la mayoría de moda. Luego accedí a revistas chilenas femeninas de los años 30, 40 y 50, y comencé a experimentar en el collage análogo con estas figuras femeninas, haciendo un trabajo de recuperación de la memoria de esa época”, relata.

“Mi inspiración comenzó a brotar cuando vi los trabajos de artistas de la calle, las paredes pintadas y rayadas. Así apareció el trabajo paste up, como una referencia muy importante. Además empecé a utilizar la fotocopia o la hoja impresa, y también me abrí a experimentar con letras de graffiti. También descubrí las latas de spray, que me permitieron lanzar trazos de colores en el papel en blanco”, recuerda.

 

«Niños rotos», obra de Claudia Sepúlveda

“Algunas de mis obras tienen rostros de mujeres antiguas y son imágenes llenas de glamour y energía. También está la serie de los ‘Niños rotos’, donde mezclo figuras de niños con los carteles típicos de las micros chilenas antiguas, donde se nos indicaban los recorridos que hacían por distintas comunas. Otro ejemplo es collage de Pelusa, grupo de música pop chilena. En este caso, la figura es Olga, bajista del grupo. Quise probar el collage con personas actuales y vivas y ver qué pasaba. Todo esto con el objetivo de crear un mundo que se sitúa a medio camino entre lo bello y lo feo”, concluye la autora.

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